lunes, 19 de mayo de 2014


Los molinos son reales
y algunos incluso
los hemos abatido
para asegurarnos.

Porque puede que
Don Quijote estuviera loco,
pero no es más loco
que aquel que no lee,
que no sueña.

La triste urbanista.


Vivo en la ciudad más triste que jamás una mente triste podría llegar a imaginar, vivo y no consigo escapar de esta soledad. Vivo en la ciudad más triste de este país, es tan triste esta ciudad que, por aquí, cuando alguien se ríe lo hace siempre mal.

Puedes ver mujeres lobo cuando hay luna llena, pero cuando amanece se mueren de pena. Y es que así de triste es esta ciudad.

Cada día veo a gente triste en el autobús, veo a gente triste y cambio de acera, poniéndome triste yo también. No quería hacerlo pero tú insististe y vi tu cara triste cuando te corriste. 
Y es que esta tristeza es integral y eso está mal.

En mi edificio siempre hace frío y creo que mis vecinos son vampiros. Pero ellos creen que lo soy yo.
Así que llamé a mis dos únicos amigos, hoy hay otros mil que alguno habrá traído. Tenemos una única misión, la de matar vampiros.
La tristeza se extendió entre los balcones y yo me creía muerta, pero hoy sé que estoy viva y que concibo otro lugar peor.
Uno trajo estacas hechas de nogal, otro una radial. Saldremos esta noche a destripar y exigir que nos devuelvan la ciudad. Reparar esta tristeza desde hoy.

Vivo en la ciudad más triste que jamás un triste urbanista pudo proyectar. Hay que prender fuego a esta ciudad. Desgraciadamente, no es más que una ciudad irreal.